Máncora, Perú: mucha playa, mucho surf, mucha taquilla.
- 20/08/2008
- Jose Ignacio
- Destinos, Sudamerica y Chile, Perú, Máncora
En Montañita, Ecuador, todo el mundo recomienda Máncora, en Perú. Y al revés también funciona: en Máncora todos hablan de Montañita.
Quizás no es la mejor forma de promover el turismo local, pero si ya te pegaste el pique para esos lados es inentendible que no vayas a conocer estas dos exquisitas playas del Pacífico.
Es que está de moda y resulta muy simple recorrer las playas, sobre todo para los practicantes del surf. Sabías que la ola de Montañita corre hacia la derecha, y la de Máncora corre hacia la izquierda? Es cosa de ir y comparar. Total, no cuesta caro.
Y es que si bien Máncora no es Cancún u otra playa paradisiaca, tiene cosas mucho mejores que hacen de este lugar una de los más taquillas, concurridas y carreteadas playas del verano.
Vamos por parte. La mejor manera de llegar es tomarse un bus desde Lima (y la más barata también; porque hay líneas que viajan hasta Piura, a 130 kilómetros al sur de Máncora, pero es bien caro) . Tienes que tener un estado físico aceptable y una gordura que no te impida usar esos asientos ultra pegados de “súper clásico” tan típicos de bus peruano.
El viaje dura 17 horas y cuesta -dependiendo si es temporada alta o baja-, 45 o 65 soles (de 8 a 12 mil pesos chilenos, respectivamente. 1 sol peruano = 176 pesos chilenos, aprox.).
El bus, por la hora de salida que tiene desde la capital peruana, va a llegar siempre como a las 6 o 7 de la mañana a Máncora. A esa hora va a estar todo cerrado, todo apagado y por un segundo van a pensar que es un pueblo chico y pobre. Pero tranqui, que esa es la calle principal y acá está todo: tiendas, supermercados, cibercafes, botillerías, restaurantes, picadas, etc… espérate que abran nomás.
Parte buscando hostales o piezas; hay de todo, y para todos los gustos y bolsillos. La mayoría está en la calle principal aunque hay algunas que están a la orilla de la playa (y son más caros).
También hay un par de hoteles. Pero son más caros todavía. Eso sí, es recomendadísimo saber regatearlo todo. A los extranjeros siempre le van a decir un precio mas alto de lo que es por si acaso “pica”.
Ya de día, lo primero antes de salir es embetunarse en factor solar. Y que no sea ni 5 ni 10, sino que sobre 40. Si no, lo vas a lamentar de noche, o cuando te pongas la mochila. El sol acá pega fuertísimo.
La actividad principal obviamente es ir a la playa y tomar sol, jugar un rato de paletas y bañarse. La temperatura del agua es sencillamente exquisita: en promedio 19º, pero cuando la corriente del Niño se hace presente puede llegar hasta los 27º.
Por eso para el calor a veces lo mejor es la cerveza: hay una infinidad de puestos en donde se pueden conseguir bien heladas. O bebidas ídem. Lo choro es que se puede tomar y comer en la playa y nadie te va a decir nada. Incluso, los “mozos” de algunos locales te van a atender hasta la comodidad de tu toalla.
Cabe destacar que en la playa se puede diferenciar automáticamente el sector donde se ponen los peruanos y donde se ponen los extranjeros. Los turistas se ponen más cerca de los hoteles y donde casi siempre van a haber concursos de surf, o algún deporte que requiera tabla.
El surf es el deporte acá por excelencia. Las olas según los entendidos son bastante buenas, y se puede ver a los surfers-capos bien temprano en la mañana saliendo a correr las olas.
Eso en Máncora mismo, porque en Punta Lobitos, casi una hora al sur de Máncora, es mejor. No obstante, los más experimentados prefieren La Piscina, bien cerca de ahí, donde hay tremendísimas olas. (Dato freak: es un regimiento militar, por lo que hay que identificarse en la entrada y no sacar cámara de fotos, porque te la pueden quitar). Acá hay un calendario de mareas, para los más fanáticos.
La otra buena-buena es Cabo Blanco, que está a una hora y media más al sur de Máncora, y según los que cachan tiene varias de las mejores olas del mundo.
También se está practicando harto últimamente el kitesurf: en tabla y con un parapente como vela. Es bien entretenido ver cómo hay decenas de tipos haciendo el deporte, aprovechando el buen viento.
Y si el surf y la playa dan hambre, lugares para comer hay en todas partes. Hay varios restaurantes en la calle principal, aunque también hay picadas más baratas donde ofrecen el típico menú de entrada, plato principal, postre y jugo por 10 soles (menos de 2 lucas).
Acostúmbrense: la comida es extremadamente barata. Si andan con más soles en el bolsillo no escatimen en gastos y cómanse el famoso cebiche peruano. No se van a olvidar nunca.
Máncora igual es moderno. Internet hay, al menos. Son varias las casetas para llamar, o los mal llamados cibercafés (¿alguien, alguna vez, en alguno de sus viajes, se ha tomado algún café en alguno de los miles de cibercafés que ha vistiado?). No son lo computadores más rápidos del mundo pero para conversar un rato por Messenger y revisar los mails están bien.
¿Y de noche? ¿Se arma carrete? Sí, obvio.
La oferta no es muy variada, pero algo se puede hacer. Cerca de la calle para bajar a la playa se concentran los pubs y los lugares para bailar (en realidad, los lugares para ir a bailar también son pubs… sólo que un poco más grandes). Uno puede ir y sentarse a tomar algo y conocer gente. Si tienes algo de suerte y te toca algún campeonato de surf, probablemente estará mas lleno de lo normal. Y si el día está bueno y hay concurrencia, las cosas van a cerrar mas tarde. Todo depende de la gente: y en verano está lleno y se arman buenos carretes.
Un habitué: Papa Mo’s. A veces lleno, a veces vacío. Todo depende.
Una lista de consejos prácticos para los primerizos:
- Ten cuidado con los precios: van a ver que eres de otro país y te van a cobrar todo más caro. Regatea.
- La humedad y el calor a veces son insoportables. Toma mucha agua para no deshidratarte.
- Lleva harto bloqueador. Kilos. No te va a sobrar.
- Compra repelente para bichos: pero hazlo allá. Los del mercado chileno no son eficaces en esas playas.
- Ojo con tus cosas: un mínimo descuido y podrían desaparecer. Hay hartos amigos de lo ajeno.
- Sal a carretear con lo justo y necesario. Ojalá sin la billetera o cosas de valor. Es mejor dejarlas pieza, por seguridad.
- Si quieres acordarte del cebiche para siempre, pero por lo rico y no por lo picante, pídelo con poco o casi nada de rocoto (ají peruano que pica endemoniadamente).
- Allá hay 2 cajeros automáticos… aunque a veces se quedan sin billetes.






