Torres del Paine: una caminata hasta el fin del mundo
- 12/04/2007
- Rodrigo
- Destinos, Sudamerica y Chile, Chile, Torres del Paine
No deja de ser una gran bienvenida atravesar los 2.500 kilómetros desde la capital, para luego situarse ante un Parque Nacional que tiene una extensión de 181 mil hectáreas en espera de sacarle su debido provecho.
Alternativas para recorrer las principales zonas del parque hay varias, pero sin duda la mejor para alguien que quiera sentir el peso de la adrenalina al 100%, tendrá que hacerlo a pie. Así de simple.
Con un buen par de bototos, buzo, una mochila que no supere los 20 kilos, la mejor carpa que haya en tu casa, una cocinilla y abundantes chocolates de bolsillo, estarás listo para dar inicio a una aventura entre medio de cóndores, guanacos, ñandúes, ríos y glaciares que te irán guiando el camino.
A pesar de que la temperatura media durante el verano alcanza sus 10 grados Celsius, y que la visibilidad se comporta como un juego de azar, no hay motivo para hacerle el quite a la naturaleza imperante.
Si tienes pensado realizar una caminata de no más de 10 días, te recomendamos una ruta con los principales atractivos del inigualable Parque, en donde te tocará sortear vientos que llegan hasta los 100 kilómetros por hora.
Una vez instalado en tierras patagónicas con tu mochila a cuestas, la primera parada obligatoria es en el Paso John Gardner, situado a mil 300 metros de altura. Es uno de los lugares más atractivos del paseo, debido a la vista que se tiene hacia el glaciar Grey y de sus montañas cercanas.
Para los que quieren ir en busca de hielo para tomarse un reconfortante trago, está la posibilidad de ir a recogerlos al propio lago que lleva el mismo nombre del glaciar.
Acá hay que juntar fuerzas. Continúa tu peregrinaje hacia el Valle del Francés, la entrada hacia el interior del macizo Paine. No te pierdas la sobrecogedora vista hacia las cadenas montañosas del lugar y el Ventisquero Francés. Ojalá que el sol te quiera acompañar y hacer más nitido el panorama.
Ya llevarás más de la mitad del viaje. Una semana de caminata. Después de abrocharse esos bototos que ya no quieren más contigo, hay que apuntar la brújula hacia los Cuernos del Paine. Sí, los típicos símbolos del parque. Te sorprenderán por su imponente tamaño y cercanía.
Aprovecha de descansar. Aunque no quieras más guerra y estés pidiendo agüita, te queda por hacer el paseo más conocido de los que llegan hasta este lugar del fin del mundo: subir hasta la base de las Torres del Paine. A tu lado y como hermanos de roca, están los imponentes macizos de más de mil metros de altitud.
“Vale la pena el cansancio de las caminatas, aunque estés acarreando tu propia casa en la espalda, sobreviviendo a como dé lugar, porque el paseo al Parque resultó ser realmente espectacular por su paisaje, entorno, ambiente y su lejanía”. Así resume su propia experiencia el universitario Marcelo Cox.
Y si pudiste caminar hasta el fin del mundo, ¿qué esperas para planear tu próxima aventura por el globo?





