Río de Janeiro: una fiesta interminable para todos los bolsillos
- 14/06/2007
- Matías
- Destinos, Sudamerica y Chile, Brasil, Río de Janeiro
Vitalidad = Río. Playas famosas. Su ultra conocido carnaval. Fútbol en todas las esquinas. Río, ciudad maravillosa.
Ciudad de contrastes: edificios enormes, playas largas y una vegetación que hacen de Río una ciudad verde. Sol por todos lados, aunque de repente caen unas lluvias y soplan tremendos vientos (no importa: después sale el sol), la playa va a ser siempre su mayor atractivo y punto neurálgico.
Las más concurridas son Ipanema, Copacabana, Leblon, Barra de Tijuca, donde se puede ver como se arman grupos en la tarde para jugar fútbol, pudiendo reconocer el talento futbolero de los brasileros, porque hasta en la playa su juego es un espectáculo.
Eso sí, cuando estés en la playa de guata al sol (o en el agua, ¡también se puede!) preocúpate de llevar lo justo y lo necesario. La seguridad no es lo que más las caracteriza.Y los morenitos son bien de manitos largas.
Y para no gastar mucho en comida, en todas su playas es muy común la venta de choclos, o si no puedes caminar por las calles cercanas a estas playas. Con hambre, calor y sed, encontrarás todo tipo de restaurantes. Y kioscos. Y más choclos.
Otro de los símbolos de esta ciudad es el Cristo Redentor, que se encuentra sobre el Corcovado, al que se puede subir.
También está el Pan de Azúcar (sí, el original es brasileño, obvio), al que puedes acceder en unos funiculares, pagando tu entrada, y donde podrás ver una preciosa vista de Río y de la Bahía de Guanabara .
Eso sí, si está lloviendo hay mucho viento. No pierdas el tiempo en ir, porque se cierra hasta que mejore el tiempo y dejen de caerse los funiculares.
Broma.
Imposible no mencionar el más famoso de los carnavales del mundo, el Carnaval de Río de Janeiro, donde en febrero la samba y las garotas con poca ropa salen a animar a todos los cariocas y extranjeros, porque atrae a gente de todas partes.
De los carretes que se arman después, ni te contamos. Vívelos.
Carretiando o no, es poco recomendable entrar a las favelas. A estos barrios marginales, donde viven millones de personas y donde reina la violencia, no entran ni los cariocas. Las más conocidas y grandes son La Rocinha, Ciudad de Dios, Maré y Turano.
Con calor y humedad encima es un poco difícil llegar a pensar en meterse a un museo. Pero el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad la lleva. Óscar Niemeyer, el Pelé de la arquitectura por esos lados, lo proyectó y le puso su mítica firma.
Y para todos los fanáticos del fútbol, podrán ir a darse una vuelta al famoso y mítico estadio, donde se han jugado clásicos y vibrantes partidos: el Maracaná.
Quizás te toca algún buen partido. Y si no, puedes pagar un tour. Son bien entretes y culturalmente futboleros.
Río de Janeiro es una ciudad donde pueden pasarlo bien todos. Y lo más importante: para todos los bolsillos.
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