Ilhabela, Brasil: mi paraíso tropical
- 06/12/2007
- Daniela Novoa
- Destinos, Sudamerica y Chile, Brasil, Playas
Ilhabela es una isla a unas 3 horas de Sao Paulo. Para llegar, tomas bus a un pueblo que se llama Sao Sebastián. El pasaje cuesta como 35 reales (unas nueve lucas, un poco caro para un viaje que es el equivalente a ir de Santiago a Pichilemu, ¡pero vale la pena!).
Una vez ahí, tienes que tomar un transbordador, la balsa, una cosa gigante que va y viene del pueblo a la isla durante todo el día (y gratis!). Después de 15 minutos de paseo, viendo la isla que es solo cerros y cerros de naturaleza virgen, ves el pueblito en la costa, donde llega la balsa. Nada de resorts de lujo ni edificios vacacionales… acá casi que no hay casas de 2 pisos.
Sin exagerar, en Ilhabela están las playas MÁS BONITAS que haya visto en mi vida, y no sólo bonitas, también con la temperatura perfecta. Y eso es harto decir porque en ese momento yo llevaba casi 2 meses “catando” las playas del país de la caipiriña.
Más de 30 playas de arena dorada, agua transparente y tibia, palmeras (naturales, no como las de Reñaca, jaja) y lo mejor de todo: poquita gente, la mayoría lugareños o de San Sebastián. (Excepto los fines de semana, en que las playas más “top” se llenan con los yates de los millionaires de Sao Paulo).
¡Ah! Algo sobre Ilhabela que se me había olvidado: es la isla con más cascadas de todo Brasil, creo que hay más de 300, y un par de parques donde encuentras varias juntas. Eso sería lo que encuentras si te adentras en los cerros: árboles de más de 5 metros de alto, y muchas, muchas “cachoeiras” con sus pozas de agua cristalina y heladita (que es como el paraíso, porque la temperatura no baja de 35 grados).
Los 2 mejores paseos yo diría que son, primero, la playa Jabaquaara. Es difícil de llegar si andan a pata (como yo), pero ¡¡vale la pena!!. Es increíble; como está lejos no hay casi nadie, solo un restaurant muy piola, y lo mejor de todo es que en medio de la arena hay una laguna natural de agua transparente y heladísima, entonces puedes estar ahí pasando el calor y luego correr al mar al agua tibia… ¡Un placer!
El otro es el Parque estadual das Cachoeiras, un paseo de 2 kilómetros cerro arriba, con unas 8 cascadas y piscinas naturales, en medio de una vegetación que casi no está intervenida (las “trilhas” son caminos súper angostos por los que cabe una persona, hay que cruzar troncos atravesados, ramas, no hay luz ni nada de eso… Indiana Jones por un día).
Un consejo: partir temprano. Con mi amiga llegamos como a las 15:30 y a las 6 se oscureció todo, y la cosa no es como acá en los parques, si te perdiste… ¡cagaste! Tuvimos que bajar de noche, y muertas de miedo, porque en la naturaleza no hay puras plantitas po… ¡También hay animales!
Logramos llegar vivas abajo, solo con un par de moretones y raspazos, pero de todas maneras recomiendo evitarse el susto, y bajar antes de las 5 a tomarse una chelita al “Bar de Rambo” que esta frente al paradero de micro.
Los últimos datos que les puedo dar: Ilhabela es un poco caro pal presupuesto del mochilero, así que es mejor alojar en San Sebastián. Frente a la plaza del pueblo hay un hotel muy bueno, donde la pieza doble, con desayuno de campeones (onda todo, pero TODO incluido), te sale más barato que el camping en la isla.
El otro para la salud: sí o sí, ¡¡¡mucho repelente de mosquitos!!!
Sólo les puedo decir que para mí, Ilhabela fue lo mas bacán de las vacaciones, el mejor lugar para terminar un viaje largo y carretado: termine quedándome varios días sola en la isla. ¡¡Y si no se me acaba la plata…seguiría allá!!






