Hanoi: ciudad de lagos, comercio, motos y arrozales
Bienvenidos a la capital de Vietnam, ciudad que cuenta con más de mil años de historia y no precisamente de las mejores.
Durante la guerra, y con los gringos metidos, fueron 17 años de mugre bélica.
Ha pasado el tiempo y las heridas se han ido cerrando. Hoy sale el sol en un Hanoi resucitado y lleno de vida en cada uno de sus recónditos rincones.
Una estrella desde oriente.
Hanoi es hoy una gran urbe. Pero también parece un tremendo pueblo que se extiende a lo largo y ancho del RÃo Rojo.
Los turistas siempre rayan con el contraste entre sus tremendos edificios, mansiones estilo francés y los lagos que la cruzan.
Es como en las pelÃculas: arrozales llenos de campesinos inclinados dentro del agua, con sus rostros escondidos bajo el tradicional sombrero con forma de cono. Un espectáculo en verde.
Y si de comercio se trata, ponte a caminar hacia el casco antiguo de la ciudad. Todas las tiendas son baratas. Zapatos, sedas, carteras, pañuelos y muchas otras baratijas para regodearse gastando los ahorros.
No estarÃa nada de mal que después de tanto ajetreo comercial hagas un relax en el centro de la ciudad para descansar la vista ante el impactante lago Hoan Kiem.
Qué monumento, ni qué nada. Un lago. SÃ, un lago. Y en medio de la capital.
Para moverse por Hanoi lo más conveniente es negociar un buen precio para que te trasladen en las famosas motobike.
Por ejemplo, para ir a hacer un acto de presencia en el teatro. Los tÃteres de agua son una tradición que se remonta al siglo XI, cuando fueron ideadas con el fin de entretener al público mientras las aguas estaban altas producto de las torrenciales lluvias.
Un buen baño de cultura es visitar a modo de peregrinaje el sarcófago de cristal donde está enterrado el lÃder comunista y vietnamita, Ho Chi Minh. Cuentan por ahà de que se respira un aire mÃstico y de espiritualidad.
Para los que son amigos de la literatura, vale la pena visitar el Templo de la Literatura. Fue fundado por en el año 1.070 por el emperador Ly Thanh Tong, quién lo dedicó a Confucio para honrar a los eruditos y literatos.
¿Hambre? Tómate una sopa. Son clásicas. Y muy sabrosas. También pica arrollados primavera de distintas variedades y, de postre, la infaltable piña a la vietnamita. O sea, sin nada.
El alojamiento allá es más barato de lo que uno se puede imaginar. Por 7 dólares es fácil conseguir una pieza, baño privado, TV cable, minibar… ¡y desayuno!





