Phi Phi: el paraíso que resistió un tsunami
Phi Phi tiene onda. Mucha onda. Eso es algo que el tsunami no pudo llevarse.
Luego de esa maldita ola, la isla se ha ido reconstruyendo en base a los esfuerzos de los lugareños y también a variados aportes de turistas. Sí, propinas extras y todo lo que sea necesario.
Es por eso también que los precios acá no son iguales que en el resto de Tailandia. Pero un poco más de plata no te va a impedir conocer las playas más onderas de todo el sudeste asiático, ¿o sí?
Kho Phi Phi fue una de las islas más afectadas con el desastre natural. Pero eso no impidió que sus habitantes, con harta garra (hay que decirlo), levantaran todo denuevo.
Las callecitas -en realidad, veredas arenosas- conectan el pequeño pueblo con la verdísima naturaleza que lo rodea y los mercados callejeros que pululan en su interior en donde todo es regateable.
En realidad, regatear es una obligación.
Eso sí, comer allá no resulta caro. Mama Restaurant es una opción si no andas en onda de banquetearte todos los días. Por un equivalente a mil 500 pesos quedas listo para ir a la playa denuevo. Recuerda evitar los condimentos thai si eres malo para las comidas picantes y el aliento caliente.
La isla y su playa principal son el centro neurálgico del viajero. Desde aquí parten los típicos botes que organizan tours a los distintos spots de atractivo turístico: pozas de buceo, otras playas, otras islas y decenas de panoramas por el estilo. Nada muy caro, pero sí todo repleto de turistas.
Tenemos recomendarles uno: Monkey Beach, la playa de los monos. De verdad. Monos de verdad. Y no molestan.
Bueno sí. Pueden robar comida. Pero a fin de cuentas en ningún otro lugar del mundo podrás meterte al agua con un macaco asiático nadando al lado.
De hecho, probablemente esos monos y los dueños de los botes, restaurantes e instalaciones hoteleras sean los únicos originarios del lugar. El resto, sólo turistas. Por todos lados.
Como lugar, Phi Phi no es un sitio barato para alojar hoy por hoy. Luego del tsunami hay una escasez hotelera evidente. Y por esas cosas de la ley de la oferta y la demanda, conseguir una pieza puede resultar difícil y caro. Acostúmbrate a gastar unos 20 mil pesos mínimos por noche de estadía en el paraíso ondero.
Dormir poco también es una máxima. Las fiestas, aunque por orden municipal terminan a las 2 de la mañana, son regadas y de largo aliento. Y es que siempre va a haber gente joven como nosotros dando vueltas con ganas de hacer algo.
Después de todo, hay que bajar de alguna manera las grandes cantidades de ron que pueden caber dentro de un bucket.






