Carrete, carrete y carrete en Phi Phi
El carrete en Phi Phi es cosmopolita como en la más cuenteadas de las capitales europeas.
Y a pesar de la diversidad, el ron-con-algo siempre estará en la lista como el más pedido de los bebestibles. Pero no es un trago normal, no. La especialidad de la casa se sirve en balde de playa.
Y es que hay que recordar: estamos en la típica playa turística repleta de extranjeros que se creyeron el cuento del Wild On!
El receptáculo en cuestión recibe el nombre de bucket, y adentro cabe de todo: una petaca de ron, bebida o jugo y la infaltable bebida energética. Todo por algo más de 3 mil pesos.
Sí, prepárate para muchos gritos y gringos hiperventilando con música de todas partes del mundo.
Los únicos asiáticos que te toparás serán, probablemente, los dueños del local de turno. Pero la música thai no está dentro del repertorio. Acá hay de todo y el baile con cientos de cuerpos transpirados es una obligación si carreteas en Phi Phi.
La vida nocturna comienza temprano en estos lados. El sol se pone un poco antes de las 7 de la tarde y las fiestas duran, por ley, hasta las 2 de la mañana. La idea no es carretear apurado, por supuesto, y siempre está la posibilidad de ir a bajonear a algún local de comida rápida del lugar.
El bar Carpe Diem es de Peter y Jim, dos viajeros hippientos que se quedaron a vivir y a ganarse sus lucas con su local. En la entrada, una águila amaestrada que puedes agarrar (¿?).
Todos los mozos se parecen a Bob Marley, hay shows de malabarismo con fuego y la música que se toca es reggae, obvio. Como pre, prueba el Mai Thai (trago en base a naranja) del lugar y relájate un rato con su gusto dulzón.
El Reggae Bar poco honor le hace a las raíces pacíficas de su nombre, porque en el centro del local hay un ring de box tailandés. Sí, este es el antro del carrete alternativo del lugar. Si te atreves a ponerte guantes y enfrentar lugareño luchador de turno, te ganas un bucket. Lleno, obvio. Y te va a servir para desinflamar los chichones que te hayan dejado los combos del fibroso tailandés.
Ojo que a las mujeres también les está permitido subir a dar jugo arriba. Ahí es cuando el público grita el doble.
Por último -last but not least- está el Carlito’s Bar. A 100 metros de la orilla de playa, la música de los diyeis variará durante la noche desde tecno, hip hop y música ochentera. Oíste bien, música ochentera enuna isla del sudeste asiático.
Carlito’s es el centro del carrete en la isla. Algo así como la discotec donde van los taquilla del lugar. Y es que al final ser taquilla en un antro de turistas no cuesta mucho. Baila con los shows de fuego, grita harto, enchúlate antes de salir, encárgate de tu bucket y, obvio, transpira harto.
Acuérdate que la brisa marina ayuda a enfriar el cuerpo. La brisa marina y, claro, también el ron en balde.
Un dato a considerar: si andas corto de plata, en Tailandia también existe el trago barato en versión marca propia. SangSom es la botella de ron Made in Thailand que la lleva por esos lados y que, según quienes lo han probado, no es nada de malo.







