Roma, una ciudad soberbia
Cuna de la cultura occidental, soberbia, no arrogante, so-ber-bia.
Poderosa, magnífica, bonita, llena de famosas fuentes, monumentos.
Arte por todas partes, el Vaticano… y además célebre por lo guapos/as de sus habitantes.
Primero, un dato donde quedarte para recorrer esta ciudad llena de tesoros. El Hostal Alessandro Palace es una buena opción. Entretenido, bar y carrete propio, y además está bien ubicado.
Partamos por la enorme Basílica de San Pedro, centro del Vaticano, y su mítica Capilla Sixtina. Acá hay obras de dos de las Tortugas Ninjas: Miguel Ángel y Rafael. Y bueno, varios más pero que no venimos escuchando desde chicos, quienes plasmaron todo su talento en este lugar.
Luego está el tremendísimo Coliseo. Imponente anfiteatro donde vale la pena desembolsar los 10 euros que vale su entrada.
Otro lugar interesante que data de esta misma época son las Termas de Caracalla. Y estos son sólo algunos de los vestigios que quedan de una de las civilizaciones más influyentes de la historia del hombre.
Pero no sólo de historia y estatuas fomes vive el hombre. Estamos en el siglo XXI:
Roma es viva y entretenida. Una gran ciudad como todas las grandes ciudades europeas. Anda a la famosa Fontana di Trevi, siempre llena de gente. Pide un deseo. Tira una moneda (¡¡¡con la mano derecha, dice la tradición!!!). Y en la noche claramente hay bastante menos gente que en el día.
Si no eres supersticioso -y en cambio, eres un cinéfilo-, una buena noticia: estás frente a una de las locaciones de un clásico del cine: La Dolce Vita.
Está también el Panteón, enorme monumento a los dioses, en la Plaza Rotonda, donde Roma vuelve a demostrar lo magnífica que es. Y es que el arte es esencial en esta ciudad. Uno de los pocos lugares donde se pueden encontrar obras de excelentes artistas en todas las calles, plazas e iglesias.
Malditos tanos. Artistas, bohemios y buenosmozos/as. Las tienen todas.
Para ver el lado más pintoresco y bohemio de esta ciudad, el lugar es el barrio de Trastevere. La mejor hora es en la tarde, para quedarte en alguno de sus restaurantes o bares a disfrutar de la conocida cocina italiana.
También son famosísimas sus heladerías. Una de las más conocidas, pero que no queda en este barrio, es la antigua Heladería Giolitti. Quizás sus helados son caros comparadas con las otras heladerías, pero vale la pena tomarse un helado en ese clásico lugar. Un gelato.
Las plazas son un punto de interés imposible de dejar de lado. Lugares muy concurridos -ahhh, la cultura europea- algunas de ellas son: la Plaza Navona, con espectáculos, gente y mucha vida tanto de día como de noche; la Plaza España, llena de gente joven; la Plaza del Popolo, con obras de Bernini, y la Plaza Venecia, ubicada en pleno centro de la ciudad.
Pese a que Roma en sí ya es un museo, no te puedes perder el Museo Nacional Romano, la Galería Borghese, el Museo Etrusco en la Villa Giulia, y el Museo del Capitolio.
Exclusividad es lo que caracteriza a la archiconocida Vía Condotti, así como también lo son la Vía del Corso, Vía Borgogna o la Vía del Babuino. Los precios no son accesibles, pero vale la pena darse una vuelta. Es como ir al Boulevard del Parque Arauco con luca en el bolsillo.
Para la noche algunos datos: Big Mama, que queda en Trastevere, donde tocan en vivo bandas de rock, jazz o blues; o ir al sector Testacio, muy movido y entretenido, donde sigue la fiesta cuando se apaga el sector de Trastevere.
Y para bailar y tomarse una cerveza está el sector de Campo dei Fiori, donde el público son estudiantes bastante jóvenes.
Roma no sólo es un museo andante, ¿viste?
¿Carreteaste en Roma? Una anécdota para contarle a los nietos.
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