Dresde, Alemania: la ciudad del famoso bombardeo
Visitar la ciudad alemana de Dresde y comprobar cómo se reconstruyó tras la II Guerra Mundial podría ser una experiencia tan fuerte como pasear por el museo y ex campo de concentración nazi de Auschwitz.
Lo particular de Dresde es que jamás logró posicionarse como ejemplo de la brutalidad de la II Guerra Mundial. A diferencia de Hiroshima o el mismo Auschwitz, si no fuera por ciertos escritos históricos o la novela “Matadero 5″ de Kurt Vonnegut el nombre de Dresde no sonaría a nada.
La próspera ciudad, repleta de edificios monumentales y vida cultural activa (incluso en tiempo de guerra) fue destruida en dos noches por un bombardeo aliado (Estados Unidos e Inglaterra). Las cifras -jamás aclaradas del todo- hablan desde los 35.000 a 350.000 muertos. Era un blanco prácticamente civil, se señala en diversas investigaciones, y fue un bombardeo absolutamente innecesario (aunque se dice que se fabricaba armamento y era un verdadero eje logístico para los nazis).
Hoy existe un nuevo “centro” de la ciudad, repleto de edificios, centros culturales, restaurantes, hoteles y discos.
Y también existe el “casco antiguo”. El centro de todo es la iglesia de Nuestra Señora, totalmente reconstruida. Al igual que la Catedral y el palacio Zwinger, maravilla del Barroco tardío.
Ojo con la lechería “Pfunds Molkerei”, un verdadero templo de la leche y sus derivados.
Lo más sorprendente es que muchas construcciones pre-bombardeo aún sobreviven y si no fueron reconstruidas idénticas a la original: por ejemplo, la Ópera Semper y su tradición se remonta hasta el Renacimiento. La arquitectura y acústica la hacen única y también una de las más importantes obras de arquitectura teatral del siglo XIX.
Dresde es de esas ciudades europeas a las que hay que ir si andas en el Viejo Continente. Se respira historia y cultura a full, y también el paisaje acompaña (la ciudad está circundada por el río Elba y esos típicos prados verdes alemanotes).
Para llegar, lo más fácil es tomar el tren. Las conexiones que sirven son las ICE/IC/EC, pero puedes conseguir más información por este lado (en español).
La guía Michelín explica que la reconstrucción de Dresde fue una empresa simbólica pero que la Alemania Democrática no pudo lograr por falta de fondos. Sólo la unificación en 1990 permitió que se comenzaran a tomar los escombros y armarlos nuevamente. “La silueta de la iglesia presenta hoy curiosos contrastes entre piedra de un bello color crema y otras zonas oscuras. No es que las piedras antiguas fueran quemadas por las bombas incendiarias o se hayan ennegrecido a causa de la contaminación; es la arenisca sajona, con un alto contenido en hierro, la que se oscurece con el paso de los años. De ahí el aspecto fantástico y casi tenebroso de la mayoría de los monumentos de la ciudad (…)”, dice ahí.
El horrible episodio de la IIª Guerra (sin dejar de lado la morbosidad) y el encuentro con una “nueva generación” globalizada bien vale una visita. Además, ojo que todos los años desde finales de mayo hasta comienzos de junio se realiza el festival de la ciudad. Folclor, teatro y música europea del mejor nivel. Imperdible.






