Ocho Ríos, en Jamaica: contra la corriente
La tercera isla más grande del Caribe tiene playas de aguas exóticas y las horas infinitas bajo el sol poderoso.
En realidad, éste es un privilegio de todas las islas del Caribe.
Pero, además, Jamaica tiene un par de atractivos que la hace ser muy especial. Más especial que ninguna.
Son más de seis mil kilómetros que nos separan de la isla de Jamaica, pero cuando llegues vas a rayar con su relieve de marca registrada.
Las tremendas Blue Mountains, sus extensiones de arena blanca y una gloriosa puesta de sol, fueron de seguro los puntos donde se inspiró el legendario hermano e ídolo de aquellas tierras. Yeah man, Bob Marley.
Y por qué no decir lo mismo de la reacción en cadena de poblaciones de origen africano, europea, árabe, china e india, que llegaron para quedarse. Naturalmente que Jamaica irradia algún tipo de afrodisíaco capaz de llegar a casi todos los rincones del planeta.
Los millones de turistas que ingresan durante todo el año a la isla -y claro, también sus habitantes-, comentan con la adrenalina a mil la magia y el misterio que sienten al internarse en las afueras del sector Ocho ríos. Calma. Lo más interesante está por venir.
Desembolsando de tu bolsillo unos 20 dólares, tendrás acceso con un guía a las atrayentes cataratas Dunn Falls. Todo un desafío. Su ascensión parte desde la playa y todos sacan al máximo su lado solidario, porque se van tendiendo la mano a medida que van subiendo en fila india.
Aquí no corre el clásico anuncio del “se mira pero no se toca”. Pero no con las turistas en bikini, sino que con las cataratas.
Es la excepción que rompe la regla. Tómate tu tiempo. Porque tienes todo tu cuerpo libre para disfrutar a concho el momento con un generoso entorno que te rodea. Relajado. Jamaica style.
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