Guatemala: los colores de un país nada de bananero
Guatemala es un país conocido por sus rezagos arquitectónicos y por las tradiciones que dejó siglos atrás la cultura maya. Y no, como algunos creen, por servir comida semipodrida y agua poco potable.
Guatemala significa, en realidad, “Territorio de muchos árboles”, según la lengua nahuatl.
Ciudad de Guatemala es grande. A veces enorme. Más de 5 millones de personas transitan diariamente por la capital guatemalteca, entre ellos nacionales y extranjeros. De hecho, es la capital más moderna de Centroamérica y a veces puede cansarte -sobre todo si imaginaste que Guatemala es un país chico y bananero-. Por eso, los días ideales para pasear por ahí son los fines de semana, ojalá de mañana, cuando no hay tráfico y las calles están casi vacías.Pero Ciudad de Guatemala no es Guatemala, así como Santiago intenta no ser Chile. Tiene varias cosas más para conocer y regodearse, todas muy cerca de su capital. ¿Cuáles? Sigue acá…
Al aterrizar en Ciudad de Guatemala lo más conveniente es tomar un bus durante unos 45 minutos hasta la ciudad montañosa de Antigua, rodeada ni más ni menos por 3 volcanes que se vienen encima para la bienvenida: el Agua, Fuego y el volcán Acatenango.
Es conocida también por su arquitectura barroca española del Nuevo Mundo. Dicen que no hay que dejar de conocer símbolos tan de aquí como la Iglesia de San Francisco, el Palacio de los Capitanes Generales, la Universidad de San Carlos de Borromeo, el Museo de Armas de Santiago de los Caballeros y su Catedral.
Después es bueno es irse al típico mercado que reúne las distintas artesanías de todos los pueblos que están alrededor de Antigua. Ideal para el que te pidió algún regalito, porque si de precios se trata… Alcanza para todo.
Hay una parrillada excelente: se llama “Ni fu, ni fa”. El dueño es argentino, así que hace excelentes bifé de chorizos made in Guatemala. Pero si no tuviste ganas de parrilladas, en la misma calle podrás tentarte en probar un plato casero se llamado “cazados”, que tiene porotos negros con arroz y cuesta unos 3 dólares.
El alojamiento en un hostal cuesta promedio unos 5 dólares por persona. Por lo general son bien básicos en todo el país, y ni siquiera traen desayuno a la cama (já).
Hora de subirse nuevamente al bus. Aprovecho de decir que estos traslados cuestan entre 7 y 10 dólares, aunque a veces no de la manera más cómoda. El viaje al pueblo de Chichicastenango se hace en micros antiguas en donde la gente va colgando de las puertas y con gallinas incluidas. Para qué decir cuando los autos van adelantando en una ruta llena de curvas. Como para escribir un libro si no te mueres en el intent (já, denuevo).
Si llegaste sano y salvo, la primera prioridad -después del libro- es partir con plata a la propia feria de Chichicastenango. Es la más grande de Centroamérica y está abierta los jueves y domingos para comprar en cantidades a precio regalado carteras, bufandas, artesanía, pulseras, máscaras… Y podría seguir contando…
La siguiente parada es en el Lago Atitlán. Aquí vale la pena partir en lancha al pueblo Santiago de Atilán, para conocer en el recorrido 3 nuevos volcanes para memorizar y para cuando hayan desembarcado, pónganse a caminar por sus rústicas calles y dar con su incondicional iglesia.
La última parte del viaje, y quizás para muchos la mejor, son las ruinas mayas de Tikal. Si andas en la onda mística, hay posibilidad de alojar en carpa a los pies del lugar, cosa de pedir un tour por unos 15 dólares por persona, para salir a las 5 de la mañana con el fin de ver el amanecer arriba de una entre tantas pirámides que están escondidas en medio de pura selva tropical.
Hay que partir con ropa bien liviana, pues la humedad será tu sombra todo el día. Y consejo de amigo: que no se les pase por la mente irse de copetes antes de la expedición, es peligroso porque te puedes caer de una pirámide para abajo.
Y eso no es divertido.
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