Chinatown de La Habana, un lugar freak para visitar si andas por Cuba
Parece insólito, pero es entendible: si los chinos secretamente planean conquistar el mundo, es lógico que la sandunguera capital de Cuba tenga su Barrio Chino (más conocido como “Chino”, en pleno centro de La Havana). Aunque está algo escondido entre los edificios viejos, el calor y las bicimotos de la isla, si logras llegar lo primero que te sorprenderá es su gran pórtico.
Pero, ¿por qué hay tantos chinos en Cuba? Llegaron primero como esclavos a EE.UU en el siglo XIX y luego migraron a Cuba en busca de mejores condiciones.
Los chinos se mantuvieron fieles a sus costumbres en un principio, celebrando matrimonios entre ellos mismos, pero cuando muchos comenzaron a emigrar nuevamente a otros países, los orientales que se quedaron se casaron con cubanos y blancos, y la raza se ha mezclado en forma notable. Hoy en dia la mayoria de chino-cubanos son una mezcla de antepasados chinos, espanoles y africanos.
El Barrio Chino se reduce a cuatro o cinco pequeñas –como las llamadas Zanja, Rayo, San Nicolás, y la mas característica de todas, la calle Dragones-, perdidas en medio del deterioradisimo barrio de Centro Habana. Para llegar hasta el desde el Malecón hay que encaminarse por la calle Galiano, que hace esquina con el hotel Deauville. Otra ruta desde la Habana Vieja seria cruzando el Prado y dejando a un lado la antigua fabrica Partagas, donde esta el comienzo de l calle Dragones.
Ya en el barrio Chino: hay que encontrar la calle Cuchillo de Zanja hasta llegar una serie de restaurantes. A simple vista el viajero casi no se topa con gente de ojos rasgados por la calle, aunque si observa con atención descubrirá que muchas personas están en verdad mezcladas con otras razas, y aun con su color de piel oscuro tienen las líneas de los ojos marcadas con un rasgo oriental.
Más que nada el pequeño Barrio Chino de Cuba exhibe rastros de un pasado glorioso a principios y mediados del siglo 20, cuando contaba con periódicos, cines y salas de eventos. Por eso lo ideal es conversar, preguntar y si se tiene suerte lograr entrar en las viejas construcciones donde las familias chinas mantienen recuerdos de su país.
Ojo con los templos, como el que se encuentra en
Otro imperdible es
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