Así es la cosa en Cartagena de Indias, Colombia
- 02/01/2008
- Emilio
- Destinos, Caribe, Destinos, Sudamerica y Chile, Colombia
Es, quizás, la mezcla perfecta en el Caribe. Sólo comparable con la zona maya en la península de Yucatán, Cartagena de Indias mezcla el ritmo y calor tropical e historia en una sola ciudad amurallada.
La primera impresión, en todas las cosas, es lo que te cuentan. Pero para Cartagena no. Hay que vivirlo:
Bajarse del avión en un aeropuerto más pequeño que un terminal de buses, ser golpeado por el calor húmedo del trópico y ver las cuadras que rodean al aeropuerto, las cuales se desbordan de comercio callejero, charcos de agua fétida y gente por todos lados, no hacen justicia a lo que realmente es una de las cinco ciudades más grandes de Colombia.
Lo primero es buscar alojamiento. Al interior de las murallas, en la Ciudad Vieja, hay pequeños hoteles boutique y un par de hostales. Los primeros no son tu opción (muy caros), y los segundos sí (baratos, pero demasiado caribeños y para suicidarse de calor).
Mi recomendación es el hotel Villa Colonial, que queda en el barrio de Getsemaní, a dos cuadras de la Torre del Reloj. ¿Precio? US$10 por día las habitaciones individuales, con desayuno incluido.
Teniendo eso listo, hay que hacerse el siguiente esquema mental: lo que pasa dentro de las murallas; y Bocagrande, el sector de playas de Cartagena.
La playa es enorme, de aguas cálidas y siempre llena. No tiene aguas cristalinas ni arena blanca, pero sí es mejor que las chilenas.
A Bocagrande se puede ir caminando o en taxi por unos mil pesos chilenos, pero caminar es una buena opción. En este sector además están las tiendas comerciales y muchos locales de comida rápida y bares que abren después de las 7 de la tarde.
Ahora, dentro de las murallas está lo que realmente atrae a los turistas de todo el mundo: la Ciudad Vieja. Entrar por su Torre del Reloj es imaginarse entrando a una ciudad colonial. Todo está intacto y el ambiente que se respira al interior es increíble.
Imperdible de estas murallas es, primero, caminar por ellas. Son varios los lugares donde poder subir a su paseo y mirar el Atlántico, el resto de la ciudad nueva y, por supuesto, los techos de tejas de sus casas antiguas e iglesias. La vista desde las murallas es única.
Al interior de la ciudad hay que recorrer sus pasajes, plazas y calles con calma. Lo primero, visitar el Museo de la Inquisición, donde hay representaciones de cómo la Corona Española manda a torturar a las acusadas de brujerías. Saliendo del museo, y frente a la plaza de Bolívar, está un café llamado La Crepería. Ideal para almorzar a precios razonables, con música en vivo por las noches.
Otro punto a visitar dentro de la ciudad amurallada es la Plaza de Santo Domingo, donde están todos los cafés. Lleno de artistas, vendedores ambulantes y mucha gente. Esta plaza debe su nombre al convento que hay en su costado, una de las iglesias más grandes, junto con la de San Pedro Claver.
Por la noche, el carrete (o la rumba como le dicen los colombianos) está en estos lugares y sobre las murallas, donde hay dos resto-bares, con terrazas al aire libre.
Se puede bailar desde música latina hasta electrónica. Son los lugares preferidos por los turistas, tanto por el ambiente caribeño que hay, como por el viento del mar que baja la temperatura. (Ojo que en Cartagena jamás hay menos de 29 grados, y la sensación térmica es de alrededor de 36°)
Por último, en el muelle de los Pegasos, a un costado de la Torre del Reloj, está el punto de partida de los barcos a Islas del Rosario, una serie de islotes como de película: aguas turquesas y arena blanca (ahora sí). Por unos US$28 te llevan desde temprano en la mañana hasta la tarde. Es el paseo perfecto para los que quieren bucear.







