Cape Reinga: acá termina Nueva Zelanda
- 26/04/2007
- MatÃas
- Destinos, Australia y Nueva Zelandia, Nueva Zelandia
Los faros -se supone- señalizan a los navegantes donde comienza la costa.
Este faro es diferente. Esta luz muestra donde comienza un océano.
Para los maorÃes -la versión neozelandesa buena para el rugby de los mapuches-, la muerte significaba el comienzo de una larga travesÃa del espÃritu a partir de este punto, donde se funde el Mar de Tanzania y el Océano PacÃfico.
Para nosotros viajeros, sin embargo, Cape Reinga representa el fin de un paÃs… y el comienzo de una enorme playa.
Nueva Zelanda es un sitio en donde nada, o casi nada, es barato. Para disfrutarlo, hay que trabajar primero. Ganando sueldos de allá, por supuesto. El tour desde Whangarei (la ciudad más cercana: a 4 horas de viaje) cuesta 99 dólares neozelandeses. Algo asà como 38 mil pesos de acá.
Y el alojamiento también resulta salado, aunque se pueden conseguir buenos descuentos.
El faro y las instalaciones del lugar son lo más tourist-friendly posible. Como casi todo en NZ. DedÃcate a sacar las fotos de rigor en pocos minutos, haciéndole el quite a los lentos turistas, y siéntate a mirar el horizonte. Descansa tus ojos en el choque de las aguas, que durante la marea alta se vuelve aún más impresionante.
Hacer reflexionar a las neuronas no hace mal en un viaje. “A mà me gustó la sensación de estar en la última puntita que queda de isla. Nunca habÃa estado en el lÃmite de un paÃs, nunca donde la tierra terminaba. Es una sensación de soledad rara. Y te acompaña un paisaje increÃble”, dice MarÃa Jesús Montero, quien estuvo durante el verano en la nación-kiwi.
Obvio, la foto de rigor se la sacó.
El itinerario continúa subiéndose nuevamente al odioso busesito, para bajar hacia la Playa de las 90 millas. Una playa mentirosa, porque en realidad tiene 65… ¡kilómetros! de extensión… y con suerte.
Tomar sol en sus arenas es una opción, siempre y cuando no te molesten los autos. SÃ, porque funciona como carretera improvisada para autos y los mismos buses.
Puedes también destapar una cerveza y descansar.
¿Meter las patitas al agua? Sólo si quieres congelarte en el Mar de Tasmania y hacer el loco frente a las cámaras de los turistas. Allá parecen no tener el mismo concepto de playa que acá.
Una recomendación buena es que metas en tu banano un bloqueador solar. Y aunque sea playa, anda con zapatillas. Las chalas son una mala opción en la ruda geografÃa neozelandesa.
Hay gringos que corren a sus dunas a tirarse en improvisadas tablas de surf. Toda una experiencia si se considera que hay pendientes de hasta 142 metros de extensión.
Y claro, también hay gringos freaks que se dedican a recorrer toda la extensión de la playa… a pie. ¿Les habrán comentado que ahà termina Nueva Zelanda?






