Marruecos imperial y el Sahara en una semana
- 23/12/2009
- Benjamin R-T
- África
Benjamín Ruiz-Tagle dio la vuelta al mundo y ahora está de vuelta para contarlo y reportarse.
En su viaje perdió 20 kilos, que ahora se está apurando en recuperar. Nosotros lo vamos a ayudar y le pagaremos con comida, porque pasará a ser parte de nuestro staff de colaboradores permanentes del blog.
Después del salto, un relato de cómo lo hizo para dar la vuelta al mundo con poca comida y siempre con una cajetilla de cigarros en el bolsillo.
Viajé en EasyJet desde Madrid a Marrakech por poca plata. Me bajé del avión caminando… Cambié unos Euros en el aereopuerto y me subí a un bus sin saber a dónde ir. Lo único que dije fue “Djemaa el Fna“ con acento chileno.
Al bajarme, caminé hacia las luces de la plaza, que a esa hora estaba llena de gente. Muy rápido me preguntaron si buscaba alojamiento y yo dije “lo mas barato” no sé en que idioma. En cinco minutos estaba en un hostal, con una pieza solo y baño compartido por 80 dirhams, un poco mas de 7 euros.
Estuve tres díaas en Marrakech. Conocí la Medina (ciudad amurallada) completa, los museos, los palacios y las medersas. En todo caso, lejos lo mas increíble fue el Djemaa el-Fna (la plaza principal a la que llegué) y las calles angostas de mercados interminables. De día en la plaza habían puestos de jugo de naranja muy poco higiénicos (pero ricos igual) y quitasoles con encantadores de serpientes (¡tocaban flauta y las cascabeles en verdad bailaban!). Tambien había brujas leyendo la mano y haciendo tatuajes.
Pero en la noche la plaza se llena de carros con puestos de comida; todos los mozos te jotean para que te sientes en su puesto, y si dices que eres chileno, te dicen “Zamorano y Salas” automáticamente. Aquí se puede comer desde cabezas de cordero (se come todo menos los ojos) y caracoles, hasta calamares fritos. Opté por los calamares acompañado de aceitunas y papas fritas, todo por 40 dh (menos de 3 lucas). También comí “tagine eu polet” que es como el plato nacional, y en verdad es parecido a una cazuela.
Al cuarto día partí al desierto en un tour de tres días con otras 15 personas. Cruzamos los Altas (la cordillera) y alojamos la primera noche en un hotel en la mitad de unos riscos gigantes. El segundo día pasamos por todos los pueblos impronunciables de la zona hasta llegar a Morzuga, la entrada al Sahara.
Nos subimos a los camellos (es lo mas incómodo del mundo) y partimos “dunas adentro” unas dos horas. Llegamos a unas carpas hechas con alfombras viejas. Ahí nos tocó una tormenta de arena, pero pasó al rato. Comimos tajine y caminé solo por las dunas un rato. Casi me pierdo por dármelas de Indiana Jones (es bien difícil ubicarse en el desierto, ojo). Al regreso, estaba tan cansado que me dormí.
Antes del amanecer estabamos arriba del camello de nuevo y vimos cómo salía el sol por entre medio de las dunas… Espectacular. El tour me costó 800 dh (algo más de $50 mil chilenos), pero era buenísimo. Incluía todo, menos el almuerzo y el agua, que debe ser llevada en grandes cantidades para no deshidratarse.
Al regreso, me bajé solo en Rissini (el tour seguía hasta Marrakech), un pueblo perdido en el desierto, y me tomé un bus a Fez (100 dh, $7 mil). ¡¡Fueron 300 kilómetros en 10 horas!! Llegué de nuevo de noche a la ciudad, cansadísimo, pero fui con mucha garra a la calle principal de la medina en Fez el Bali (la zona antigua) y entré por “Bab bou Jeloud” (la puerta azul) y otra vez me agarró un “amigo” negociante y me llevó a la casa de una familia Berebere (los nativos) en donde me dieron té de menta y negociamos la pieza en 80 dh.
Fez es un laberinto. Sin un guía es imposible no perderse. Eso sí, mi guía tenía 12 años y por poca plata me llevó a todas partes (mesquitas, museos, mercados y curtidores), además de la parte antigua, la nueva y una judía. La conocí completa en dos días. Comí todos los días algo parecido a una hamburguesa y tunas de postre (era muy barato comer eso en la calle). Finalmente, agotado, me fui al aeropuerto de Fez y volé en Ryanair a Barcelona, de vuelta a la civilización.
Un tip importantísimo: ¡¡siempre hay que tener pañuelitos a mano!! Los venden a 2 dh en la calle. El baño en Marruecos es turco: es decir, uno hace caca en cuclillas y con calambres, y le tiene que achuntar a un hoyo enano para después tirarle agua con un balde en vez de cadena. Pero lo más malo es que los marroquíes se limpian con la mano izquierda con agua! (por eso manejan la comida y comen con la derecha, casi siempre…) Allá no existe el papel confort; y como claramente yo no sé limpiarme con la mano, opté por los pañuelitos salvadores.
Y sobre su cultura: me tocó estar para el ramadah. Eso es que los musulmanes, durante todo el séptimo mes lunar (que calza más o menos con septiembre) no pueden comer ni tomar agua desde que sale el sol hasta que se pone. Por eso, después comen como locos. Lo mas brígido es que tampoco pueden fumar, ¡¡y por lo tanto yo tampoco podía fumar delante de ellos porque les llegaba el olor!! Cada vez que prendía un cigarro en la calle, se me acercaba un musulmán enojado obligándome a apagarlo. Cuídense de no pasarlos a llevar.






